martes, 9 de febrero de 2010

Otra más.

Me siento en mi escritorio barato de IKEA, al que le fallan dos cajones y que tiene rayaduras en el tablero, y empiezo a teclear en mi portátil de segunda mano. De repente paro, miro a mi alrededor, y contemplo la habitación. Las estanterías vencidas llenas de libros y revistas viejas, cubiertas de mierda... el teclado Yamaha de teclas amarillas sobre las patas de plástico cutre, en la esquina la guitarra que llena mis soledades, y la cama deshecha. Por la ventana entra un puto frío... Pienso en mi novia, pienso en las veces que Pepe se la habrá follado con sus pintas de maricón culto, y de furia, cierro el ordenador de un golpe. Enciendo un cigarrillo, y salgo a la ventana. Apenas doy un par de caladas. Solo lo mantengo sobre el vacío mientras veo como el humo oloroso llena la habitación. Miro hacia abajo y veo las migas de la Milan 345. Cuando el filtro del cigarrillo está casi quemado, las ascuas llegando a mis dedos, arrojo al vacío la colilla, que acierta a caer en la carretera, y que cinco segundos después es atropellado por un jodido Seat Ibiza amarillo que momentaneamente rompe el silencio de la zona residencial con una mierda de bakalao. Enciendo el mechero, y acerco un segundo cigarrillo... pero no lo enciendo. Es el último que me queda y no quiero gastarlo...

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