martes, 9 de febrero de 2010

E incluso otra.

Podría ser peor. Sopa de polvos en una taza del jodido Papa Noel en febrero... Menuda mierda. Solo en fines de semana se hace comida decente en esta puta casa. La sopa además viene fría. Mientras la bebo y trago las mierdas esas que se supone que son pedazos de pollo pienso qué estará estudiando Pepe en casa de mi novia. Jodida anatomía. La estará examinando el coño bien examinado, ese cabronazo. Pero Pepe me cae bien, por mucho que se la chulee. E incluso a mi amiga, la bajita que está buena, también. Pienso esto mientras estoy aquí con una jarra hortera en una mano y una goma Milan 345 en la otra, borrando los dibujitos que me da por hacer en las tapas del cuaderno de lengua. Hace media hora he subido de la calle de comprar tabaco... así que voy a fumarme el jodido cigarrillo que me quedaba de antes y a olvidarme un poco de toda mi mierda de vida en la ventana. Abro el plexiglás, limpio un poco la mierda del poyete con un Kleenex -Que no es Kleenex, es Aliada- y apoyo los codos. Me saco el mechero de los pitillos con gran esfuerzo y enciendo el Lucky Strike. La primera tía con la que me lié, con trece años, fumaba de eso. También era una guarra de uñas rojas, como la furcia de mi novia. Me la voy a follar bien follada a ver si le queda claro con quién sale de una vez. El viernes, quizá el sábado, la voy a echar un polvo que va a necesitar talco... Si... Talco. Ese maricón de Pepe no sabe lo que hace. Tiro la colilla al vacío, y el viento la arrastra hasta la calzada, donde en menos de diez segundos es aplastada por un monovolumen con una jodida familia feliz entera dentro. Nunca tendré hijos, ni mujer, ni pollas de esas.

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